La Ciudad de México continúa creciendo hacia sus zonas periféricas mientras sus áreas centrales pierden población debido al aumento del precio de la vivienda. El fenómeno forma parte de una tendencia nacional: entre 1990 y 2020, los centros urbanos de México perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes, aunque las ciudades siguieron expandiendo su superficie hacia zonas cada vez más alejadas.
En el caso de la capital, el número de personas que vivían en un radio de cinco kilómetros alrededor del centro pasó de 442 mil 658 en 1990 a 394 mil 630 en 2020. Aunque la reducción fue menor que en otras grandes ciudades, confirma que la población se desplaza hacia zonas periféricas mientras los inmuebles bien ubicados se vuelven inaccesibles para una parte importante de las familias.
El encarecimiento del suelo y de las rentas es uno de los principales factores detrás de esta transformación urbana. Las zonas céntricas concentran empleos, transporte, escuelas, hospitales, comercios y servicios, pero esa ventaja también eleva el valor de los inmuebles y reduce las opciones para quienes tienen ingresos bajos o medios.
La falta de vivienda asequible en áreas centrales obliga a muchas familias a buscar alternativas en municipios periféricos del Estado de México, donde el precio del suelo suele ser menor. Sin embargo, la reducción del costo de la vivienda puede traducirse en mayores gastos de transporte y más tiempo de traslado.
El reto consiste en promover una ciudad más compacta, pero también incluyente. Construir más vivienda en áreas céntricas solo será una solución si esa vivienda resulta accesible para las familias trabajadoras y si se evita que la renovación urbana se convierta en un mecanismo de desplazamiento.