En la Ciudad de México, la red de despojos de inmuebles se ha convertido en una amenaza cada vez más grave para adultos mayores, especialmente en colonias como Del Valle, donde vecinos han denunciado un patrón de invasiones, cambio de chapas, uso de documentos presuntamente falsos y una operación que, según los afectados, funciona como una verdadera maquinaria criminal.
El problema no es nuevo, pero sí ha escalado. De acuerdo con reportes recientes, este delito afecta sobre todo a personas de la tercera edad, a familias que no han regularizado herencias o escrituras, y a viviendas que permanecen vacías por temporadas largas. En varios casos, las víctimas descubren el despojo cuando ya hay cerrajeros, mudanzas y personas instaladas en la propiedad.
La forma de operar suele seguir un mismo patrón: ubican una casa vulnerable, entran cuando no hay vigilancia, cambian las cerraduras y luego intentan acreditar la posesión con papeles irregulares o incluso con juicios simulados. En algunos testimonios, los vecinos señalan que detrás del proceso participan cerrajeros, albañiles, supuestos gestores y personas que conocen cómo mover el conflicto hacia una disputa legal.
Esa combinación hace que el despojo no solo sea un robo de patrimonio, sino también un proceso desgastante para quienes deben demostrar, con escrituras, recibos y denuncias, que la casa realmente les pertenece. Para una persona mayor, enfrentar ese laberinto puede resultar especialmente difícil.
Los adultos mayores están entre las principales víctimas porque muchas veces viven solos, pasan tiempo fuera por temas de salud o dependen de familiares para llevar al día sus papeles, lo que los vuelve más expuestos a este tipo de fraude patrimonial.